Vamos a decir:
que simplemente somos personas muy diferentes. Que esto nunca habría funcionado, que es mejor así. Que no es por ti. Que no somos perfectos, que nadie lo es, que nada lo será. Vamos a nadar en este mar de frases hechas, como en un mar en calma un día de verano, cuando el sol te pega en la cara y las orejas sólo escuchan el ruido submarino. Vamos a jugar así, a no ver, a no escuchar.
Leer másTe veo, fantasma. Otra vez ahí, observando sin parpadear, esperando como cada noche sentado en la oscuridad.
Te veo y sé que sólo miras cuando estoy lo suficientemente lejos para no imaginar que sigues observando todavía.
Leer másComo una lluvia estacional, intensa por temporadas, devastadora por momentos. Como ese instante preciso en el que el cielo se desploma, se deshace en litros de agua, se resquebraja en la tormenta, inundando nuestras posiciones. Diferentes temperaturas. Diferentes presiones.
Leer másExiste una memoria que habita fuera de nuestras cabezas. Una memoria que, en cierto modo, nos es ajena porque crece en los objetos que acumulamos y que registran cada uno de nuestros instantes, que sacrifican sus bordes, sus aristas, sus finales y sus principios para permitirnos construir historias.
Leer másNo sabíais si existía siquiera porque no lo habíais visto jamás, sólo lo intuíais, lo imaginabáis con miedo, por no saber qué es lo que pasaría. ¿Se parará frente a nosotros? ¿Hacia qué lado girará la cabeza? ¿Se quedará quieto o saldrá volando de nuevo? ¿Abrirá la cola?
Ay, si abriera la cola…
Miles de plumas de colores desplegándose de forma soberbia entre la nieve, desafiando al blanco dominante, dejando que los copos se deshagan poco a poco sobre sus plumas. Dejando pasar las horas, disfrutando del espectáculo de ser contemplado.
Leer más
(http://www.caldodecultivo.com/)
Quizá David Bowie no andaba tan desencaminado cuando en su Drive-In Saturday describía esa escena post-apocalíptica en la que los habitantes del planeta debían recordar cómo reproducirse viendo viejas cintas de vídeo porno. De hecho, Bowie, en su lánguida melancolía futurista, quizá acertó de pleno.
Con un presente emocionalmente tan devastador como el actual, ¿cómo imaginar las emociones del futuro? ¿qué será de los humanos cuando hayamos olvidado cómo besar, cómo acariciarnos, cómo abrazarnos, cómo follar, cómo sentir, cómo amarnos? ¿Estaremos condenados a amar en futuro perfecto? ¿A conjugar nuestras emociones en un tiempo verbal inexistente? Habremos amado.
Y quién sabe si recordaremos cómo seguir haciéndolo.
Leer más